Ver ese color negro y las piedrecitas de la acera de mi calle significa que el deshielo ha llegado, que ya han pasado seis meses desde la primera nevada. Por aquel entonces no andaba con muletas ni vestía con ese abrigo negro que impide apreciar las curvas de mi cuerpo. Era 28 de Octubre y las montañas de nieve dificultaban el paso para que mi maleta llegara a tiempo y así recoger a Curro en ese bar de Helsinki. Recordar esos días me hace pensar lo injusto que es el paso del tiempo. Me acuerdo de lo mucho que lloré aquella noche en mi cuarto al no poder ducharme de pie, pero nada, ya no me duele. Me acuerdo de la primera vez que escuché Postcards from Italy, y nada, el sentimiento ya no es el mismo. Para mejor o para peor, pero ha cambiado. De hecho, lo único que no ha cambiado es el miedo a los cambios. No querer cerrar puertas con tal de no encontrarse sorpresas al abrir otras, pero para eso sigo otro mecanismo, dar mis llaves y deshacerme de la angustia que siempre me persigue.
El ambiente en mi casa también ha cambiado por completo. No quiero echar de menos a Kroline porque sé que lo haré más de lo que ahora lo hago, así que ya que hablamos de puertas decir que las dejo abiertas incluso cuando estás en el cuarto de baño. No me gusta dedicar palabras tan abiertamente, pero nada, ya no me importa. Me encantaría ser perfecta y no tener días raros, pero eso forma parte de mí, igual que los desayunos y las barras de pan congelado.
Sí, que el deshielo ha llegado y mientras lucho para que el iglú no se vea afectado, pero no puedo, de verdad. Me resignaré y seguiré imprimiendo fotos para estas paredes, aunque he de reconocer que lo único que me reconforta de eso es saber que tú me ayudarás a quitarlas.

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