domingo, 9 de junio de 2013

desenpolvando

Es mi segundo domingo en Madrid y mi tercer intento fallido de estudio. Nunca había estado tan relajada en época de exámenes y tan inundada de pensamientos absurdos. Hay una esquina de mi barrio  por la que siempre me da rabia pasar. Una tienda con espejos en el escaparate que escupen lo que eres con el paso del tiempo. Ni tu pelo, ni tu cuerpo han cambiado tanto cómo te piensas; sólo las aspiraciones y la impotencia que acrecenta cada vez que doblas esa maldita esquina.
Estoy buscando otra hucha para poder ver los problemas desde esas pequeñas ventanas de un avión. Lo demás no lo sé... A quién voy engañar, no sé absolutamente nada. Ni siquiera dónde se ha metido la luna blanca.

lunes, 3 de junio de 2013

Lunes en Madrid

Mientras me contaba sus estrategias para cazar clientes y los días en los que se podía permitir un filete de menú, me estaba dando cuenta de lo grande que es Madrid. Lo fácil que es perderse por las callecitas de Noviciado un lunes por la noche y la de chinos con cervezas que tienes que esquivar para que no frenen tu ritmo. He visto a mi amiga Bea y Lucía, y también me he dado cuenta de todo lo que nos reíamos y lo sencillo que era hacer planes sin dinero. Definitivamente ya estoy aquí. Me despierto con otro humor, los desayunos son rápidos, al dormir vuelvo a oir el ruido de millones de coches. Tanta gente me desconcierta. No es lo que me imaginaba, lo que sí sabía era este agobio. 
Las cosas aquí siguen como siempre, las conversaciones siguen siendo "trabajo" y los horarios mucho más marcado que allá. 
Sentadas en el suelo de una plaza hemos conocido a un vagabundo sin trastornos estacionales. Ha terminado regalándome un amuleto de eucalipto y me ha dicho que le siguiera echando morro a las cosas. ¿Cosas? Staff? ¿Kroline? Quiero un mes más allí. Ver el sol de medianoche, cocinar lasaña y volver a lavar las sábanas azules.