Hoy he tenido mi primera clase de economía en LUT (Internacionalización empresarial).
Para empezar, me ha costado encontrar la clase, luego me he sentido interesada por el temario o tal vez es la forma en la que un finés expone una asignatura. Por último ha llegado sentirme estúpida y menos que los demás alumnos.
Los extranjeros sienten devoción por el español, se esfuerzan en aprehender el idioma y se sienten privilegiados viajando a "Barselouuuna". Para buscar componentes y formar un grupo de proyecto es otra cosa.
Han expuesto en un proyector las claves para elegir un tema de proyecto y selección de componentes, y a mí me ha sorprendido leer que si uno de los miembros es finés, alemán o francés se evaluará el trabajo con especial interés. Nos han dejado 15 minutos para formar los grupos, y en cosa de 1 minuto me he visto sin saber dónde ir. Me acercaba a algunos y resultaba que ya no necesitaban gente, y así dos veces más. He intentado hablar con la polaca que ya conocía y, especialmente simpática, me ha puesto en su grupo junto a otro finés. He respirado tranquila...
Mientras volvía en bici a casa para comer he estado analizando mis comportamientos, y es que incoscientemente he tratado, desde que he llegado, no parecer muy española. Eso quiero decir:
- No hablar muy alto y mucho menos chillar.
- No ir en manada.
- No ser sectaria como por ejemplo pueden ser en muchas ocasiones los franceses.
- No salir a fumar en los descansos.
Y pienso, ¿ estamos tontos? Si no te fías de mi seriedad a la hora de trabajar por ser española, vete a la mierda. Si me llamas para tomar una cerveza pero prefieres ir a clase con un asiático porque soy española, también puedes irte a la mierda.
Igual sacas más puntuación que yo, o igual te la doblo. Qué sabrás tú.
Declaro " la extinción de los prejuicios" como pauta fundamental en este año finlandés.
A la espera de sus noticias, se despide atentamente,
Irene García Villegas (una española orgullosa).


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