Definitivamente la primavera ha llegado a Finlandia. La lluvia arrastra la nieve negra que se aposenta en los bordes de las aceras, el sol cesa aunque la luz se encapriche en despertarnos cada día más temprano. No me importa madrugar, de hecho aquí me gusta madrugar. Me levanto, voy al baño, me lavo la cara y los dientes mientras la leche se calienta en esa olla que cada vez parece más desgastada. Tampoco me importa cortar la leche con agua, los bricks duran más y se agradece tener siempre leche en la nevera para el café de media tarde.
El més de abril está pasando volando y no voy a repetir lo que me parece. La visita de los 3 mosqueteros fue fugaz. O así lo sentí yo, o es que estaba demasiado excitada con tantos acontecimientos en un corto fin de semana. Ahora ya tengo 24 años. ¿24? Será que me siento igual de niña que con 17 años, ahí sentada en el pupitre de clase rellenando por orden de prioridad las carreras que tenía en mente estudiar. Bueno, al menos ahí tenía algo claro, que con 25 años ya estaría trabajando en el mundo del cine y que sería madre. Pero nada, en cuestión de unos años una se encuentra mezclando leche con agua e imaginándose mil destinos ficticios porque ya ni quedan salas de cine en su país. Menos mal que siguen quedando cosas bonitas, tan bonitas que aportan aún más sentido a nacer un catorce de Abril. Sorpresas y amistades, abrazos, confeti, cenas sorpresa, encerronas, besos, flores, mucha gente, 2 tartas y 48 velas. Fue raro celebrarlo lejos de casa, pero Aristarain enseñó un sujeto ciego con ese maravilloso guión, y es que la patria es un verso y cualquier país es una trampa, ¿o quizás un invento?
me llenaron el cuarto con mensajes escrito en papel higiénico y serpentinas.
family & friends.
atardeceres. primavera
No puedo estar más agradecida, ni más feliz. Ahora centrémonos en el Wappu...Olut y overalls todo el día.
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