Empezar el día sin haber tomado antes un café debería ser ilegal. A pesar de acostarme aayer a las cinco por culpa de una entrega debo haberme peleado con la cama, tengo un cuerpo horrible y la pierna hoy me duele un poco. Más que Ibuprofeno querría un rayito de sol por mi ventana, de esos que te animan a poner la música más alta. ¿De qué color era el sol? La última vez que lo vi me despedía de un autobus en Helsinki. Por lo menos lo supe apreciar y disfruté un cigarro mientras miraba ese cielo tan azul.
He tardado dos días en recoger las latas que quedaron en mi piso tras la fiesta del viernes, sigue oliendo a wisky y me voy encontrando chapas por el suelo a medida que apoyo la muleta derecha. No me importa, con la pierna así me animan un montón estas reuniones. Si me quedara en el iglú ésto se convertiría en un cementerio de días muertos. Por eso, mientras aprendo a volver a andar, yo te ofrezco mi colchón, mi pandereta roja, mis altavoces, mis películas favoritas y el oro de mi tiempo.
Estaba pensando en ese asqueroso y nutritivo café...
Mañanas en el hospital con Anna y Nunu.
Bienvenido a la República Independiente de mi piso.
Cerveza, vodka y cebolla.
Primero una buena siesta, y luego una buena noche.
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