Después de 75 días, ayer pude comprobar lo placentero que es andar con un par de zapatos, pisar con la misma fuerza en ambos pies la nieve acumulada en cada esquina de la acera. Caminé desde Rusko a Karanko, despacito, escuchando los Clash y marcando el paso con la muleta en la mano izquierda.
Últimamente vaciamos los relojes de arena sin pensar en las consecuencias, y eso me lleva al 2009, me lleva a lugares ficticios donde nada se mide en pasos sino en intensidad. Añades en tu cabeza 19 nombres nuevos pero sólo eres capaz de recordar 2, juegas 2 partidas al billar pero metes 1 vez la bola negra en el momento equivocado, andas 1 km pero sientes que han sido 10. Te llenas de orgullo, ríes y fantaseas.
No hace falta añadir que me siento bien, muy bien. Lo único que me agobia es no encontrar la manera de hacer que el tiempo pase más despacio, más o menos a la velocidad de mis pasos.
He aprendido a decir "gracias" en lituano, "ačiū"(suena a estornudo).


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