martes, 29 de enero de 2013

Ventanas

Desde allí arriba no puedo pensar en otra cosa que mirar por la ventana. Será porque los problemas parecen insignificantes, te sientes capaz de acabar con todo lo que te roba el sueño, reírte de lo que te hundía y pisar con buen pie cuando vuelves abajo. Pero no siempre podemos seguir esa dirección, esa terapia tampoco. A mí me sirve Finlandia, sus toneladas de nieve y la vida aquí. Soy experta en pifiar  momentos pensando en cosas que no han pasado, quizá cosas que ni vayan a pasar, y es que me dan miedo ciertas situaciones y abrazos, me dan miedo que desaparezcan y no tener plata suficiente para volver a las alturas y hacer de la angustia una utopía. 
Volver a andar, conocer gente nueva (buena gente y nueva), que planeen viajes para venir a verte, que planeemos viajes para ir a Laponia, ver que no tienes dinero y que el arroz que comes te sepa a caviar, cuando tu nueva compañera de piso te da un abrazo y sientes que la comodidad en casa es recíproca, que la reciprocidad en los besos abunde y no cese, atravesar el Saimaa andando, tomar el café de cada mañana siempre de la misma manera. Me siento afortunada aún sin oro. Y si alguna vez llega la angustia que no deja beber agua a la misma velocidad que la sed, espero encontrar pronto una lata que convertir en hucha para empezar ahorrar de nuevo. Apilar moneda a moneda para cambiar de sensación aunque te alimentes de ese caviar ficticio hecho de cereal, pegar una patada a las cuatro piedras que no se apilan en forma de monedas, esas que decaen por su propio peso porque tú eres la que las amontona. Entonces, súbete a un avión y vuelve a sentir que todo ahí abajo es insignificante cuando mires por la ventana, que los problemas vienen y van, y como ya dije una vez, no compites contra ellos sino que al final sólo compites contra tí mismo. 


1 comentario:

  1. jamás dejes de escribir...
    sigue inspirandome como lo haces...
    sigo echandote de menos
    te quiero

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