Después de cambiar la contraseña de mi ordenador y recibir un toque te atención, creo que ya es momento de empezar a desenpolvar. Tiempo parcialmente nublado, temperaturas máximas de 36º y mínimas de 31º, humedad del 12% a causa de las tormentas de verano. Sí, después de 9 meses sin ver llover me descubrí sonriendo esquivando goteras por los desiertos de Prosperidad. Qué extraño, antes lo único que provocaba era tirria y una apocada depresión momentánea. Mientras, el verano pasa. Pasa Julio pegada a un teléfono móvil esperando llamadas de trabajo. Pasan increíbles viajes improvisados en barco por el Mediterráneo. Pasan discusiones con amores del pasado que, sin quererlo, se convertían en una amistad; pasan amistades que te empiezan a hacer pensar en besos; y pasan besos que sólo sirven para que no vuelvan a pasar jamás.
Con el verano reflexionas... ¿ Una vez que empiezas a trabajar te verás obligado a madrugar para el resto de tus días? No quiero plasmar tristeza de oficina en cada esquina del papel. A lo mejor es que no quiero trabajar, "qué lista..."
¿Qué tal Barbados? ¿Y Tailandia? ¿ Y al Banco puedo ir a trabajar en deportivas y las uñas mal pintadas? Espero no verme estancada en un manantial de dudas y que mis planes de futuro no dejen de cambiar cada vez que me levanto. Quiero morirme de risa a oscuras al lado de una piscina iluminada, quiero que nos bañemos en la Costa Brava, quiero mantener el moreno, quiero saber llevar las resacas, quiero tener más de 2 euros en mi cuenta corriente, quiero ver cuatro cifras en mi cuenta corriente, quiero dejar de ver las noticias y vivir en la ignorancia. Quiero tener un perro llamado Elvis y una casita muy pequeña en la playa, con una de esas cocinas en las que notas el roce cuando otra persona intenta alcanzar la botella de agua. Si no observo en el espejo el reflejo de mi mirada significará que todo va bien o, al menos, cómo quiero. Por cierto, la nueva contraseña de mi ordenador es madrid.
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