Llevaba mucho tiempo esperando ver lo nuevo de Haneke. Es un director que siempre me ha fascinado, aunque he de reconocer que "La cinta blanca" me resultó devastadora. El sentimiento labrado con "Amour" no ha llegado al final del film, sino a medida que avanzaba la trama y su perfecto movimiento de cámara. Porque eso es lo que hace único a un cineasta: su precisión al encontrar palabras con el movimiento de cámara y la fidelidad a la poesía de la narración.
El austriaco es el As en los territorios inéditos y a mí, personalmente, me acongoja.
"Amour" relata cómo un viejo matrimonio se enfrenta a una enfermedad terminal, el aniquilador paso del tiempo sobre el cuerpo y la compleja negociación a la hora de tomar decisiones por parte de la familia. Jean-Louis encarna la parte más emotiva, un marido que plasma amor en cada uno de sus gestos hacia su convaleciente esposa; Emmanuelle se encarga de esperar el derribo. Ambos soberbios en su interpretación.
No es una película con respuestas incluídas, sino que se hace tan real que duele. Haneke coloca la cámara donde nadie quisiera estar, y con ello logra adentrarnos y conocer los metros del piso en pocos planos, siempre sin parecer hostil. Su fotografía realista plasma cada estado de ánimo en las paredes y sin aburrir acompaña el ritmo lento de la trama.
Puede que me haya llegado a asfixiar, pero ese es el camino que escoge Haneke, el de encoger el alma hasta que finalmente perece.

Haneke vuelve a cambiar de registro. Con 'Amour' vuelca su mirada a la vejez y el derecho de morir en paz. Los actores, fantásticos. Un saludo!
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