domingo, 24 de febrero de 2013

Globos y sudor.

Cada viernes y cada sábado, a las siete de la tarde una hora de relajación en la sauna de mi edificio. La primera vez te agobia el calor porque te impide respirar con normalidad, luego empiezas a notar las ventajas del sudor pintando tu cuerpo, el silencio en esa sala de madera y las piedras que desprenden humo con menta. 
Reconozco que me cuesta relajarme, siempre nerviosa pensando en el después y no en el ahora. La sauna me ayuda a sacar lo malo fuera, apreciar el silencio y aprender a escuchar la sangre de mi cuerpo recorriendo cada una de mis venas. Reuniones sin ropa y muchas nacionalidades. Hablamos de nuestros países, comentamos situaciones graciosas, cerramos los ojos y nos tumbamos sin mirar el reloj. 
No he vuelto a bajar a la sauna con Cristel y no lo volveré a hacer porque ya ha dejado el piso. A lo mejor suena cruel, pero no me ha costado despedirme de ella. La negatividad no pega con las paredes de mi piso, tampoco pega con la sonrisa de Kroline. Hemos comido todos juntos antes de su partida y, mientras la miraba desde mi ventana andar por la nieve con sus tres maletas, he tirado un globo morado y la he deseado suerte en silencio. Ahora somos dos en el piso, o tres, no lo sé. 

Me gusta el ambiente de este nuevo semestre. Hay mucha gente nueva y he conocido a un buen grupo de francesas. Rotamos los pisos para cenar juntas, cada una lleva su cena en un plato y bromeamos con pirómanos y putones rusos. 

Vamos a entrar en el sexto mes de nieve. ¿Gracioso? 
Gracioso es no saber si pisas agua o suelo. 

Anna se empeña en esquiar como una auténtica finesa, pero la pobre aprendió de la peor...Se cae. 

Siento si a veces es complicado manejar mi carácter. Tu paz me resta genio y eso me gusta. 
Nunca van a faltar galletas para el café, no te preocupes....

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