La opresión no salpica
austeridad, sólo acompaña la resistencia en cada esquina de sus calles y
desmorona con arte su decadencia.
Siempre he pensado que la
palabra “resistir” es consecuencia de un acto negativo, pero por lo visto en
Cuba también puede ser positivo. Tantos años de lucha obligan a su gente a
sacar un arte peculiar de la tristeza, sacar jugo de sus manos y movimiento de
caderas. Dejarse llevar, cantar por la libertad y hacer que los días sólo
puedan llevarse de una única manera, “Chan Chan”.
La fotografía con la que se
ha de filmar el colorido de los coches y las fachadas destartaladas sólo puede
ser cómo se muestra.
Desde
el Polo Norte agradeces ver en pantalla abrazos y roce. La poca seriedad que dan
a sus problemas les lleva a regalar ron a la virgen, seguir fumando puros
habanos a los 85 años y bailar un par de gardenias con esas camisas coloridas.
Quizás,
quizás lo que necesita el resto del mundo es una melodía que acompañe a las
lamentaciones y así las convierta en páginas ligeras de un libro que termina
sin un final. Entonces todo sería como en La Habana, donde lucharíamos sólo por
un instrumento y lloraríamos sólo por no ver amanecer con tanta rapidez desde
un puerto. Acompañaríamos los días con
sudor, sexo y saliva. Eso es lo que me aporta cada calle y lo que desde
Finlandia añoro y pediría.

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