lunes, 11 de febrero de 2013

La barbacoa

Pensaba que estaba soñando con alarmas, voces, chillidos...En realidad no. Me di cuenta cabalmente cuando Cristel entró en mi cuarto a las 06:30 diciendo que había fuego. 

"GET OUT! GET OUT!"

Mi corazón se estrelló contra mi pecho sin avisar. No sabía qué hacer, así que opté por ponerme el abrigo encima del pijama y bajar corriendo. "Joder, ¡joder! Tendré que salvar alguna de mis pertenencias...¿El ordenador?"
No pude pensar demasiado porque sin darme cuenta ya estaba abajo, justo en mitad de nuestra calle buscando con nuestro olfato el fuego en cualquier rincón.
Había un chico en la puerta del portal A. Estaba en manga corta y chanclas pero parecía no tener frío. Decía cosas sin sentido y trataba de irse a cualquier lado antes de ver el furgón de la policía llegar. 

"Pareces nervioso, ¿quieres venir a mi piso y te preparo una tila?"

Cristel había entrado en el edificio para ver qué pasaba...Ahí estaba yo, con Kroline y un tipo algo extraño pasando frío en la calle cuando apenas había amanecido. La gente corría por los pasillos en pijama de un lado a otro y el olor a pollo frito no cesaba. Baja Cristel y nos cuenta que uno de los inquilinos del A6 había intentado quemar su casa y luego tirarse por la ventana...


¿ Qué idea es esa? No sé si tiene más sentido tirarse desde un tercero cuando la capa de nieve del suelo amortiguaría su caída o intentar quemar su casa mientras el resto de sus compañeros duermen aún placenteramente...

De repente, Kroline y yo nos miramos. ¿ Este chaval extraño es el causante de todo? 
Sentí un escalofrío muy distinto al clima, era como un miedo mezclado con pena. 
Baja Rafa Bobo entrando en escena hablando en inglés:
- " ¡Ey! ¡Ya sé lo qué ha pasado! Un tipo loco ha intentado suicidarse quemando su casa y luego ha intentado tirarse por la ventana!"
- Rafa, ¡cállate! ¡Tienes delante al chaval del que hablas! ¡ CORTA!
- Ah, ¿si? Bueno, me da igual, a mí no me va a matar...

Estas son aventuras en Finlandia, donde no todos los suicidas son fineses, donde te das cuenta que la perfección alemana queda sumergida en algún piso incinerado y unas pupilas dilatadas. 


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